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Historia del Carmen

El Escapulario

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Los signos en la vida humana:

Vivimos en un mundo hecho de realidades materiales llenas de simbolismo: la luz, el fuego, el agua, las flores… Existen también en la vida de cada día experiencias de relación entre los seres humanos, que expresan y simbolizan cosas más profundas, como el compartir la comida (signo de amistad), participar en una manifestación masiva (signo de solidaridad), celebrar juntos un aniversario nacional (símbolo de identidad). Tenemos necesidad de signos o símbolos que nos ayuden a comprender y vivir hechos de hoy o de ayer, y nos den conciencia de lo que somos como personas y como grupos.

Los signos en la vida cristiana:

En la vida cristiana hay también signos. Jesús los utilizó: el pan, el vino, el agua, para hacernos comprender realidades superiores que no vemos ni tocamos. En la celebración de la Eucaristía y de los sacramentos (bautismo, confirmación, penitencia, matrimonio, orden sacerdotal, unción de los enfermos) los símbolos (agua, aceite, imposición de las manos, anillos) expresan su sentido y nos introducen en una comunicación con Dios, presente a través de ellos. Además de los signos litúrgicos, existen en la Iglesia otros, ligados a un acontecimiento, a una tradición, a una persona. Uno de ellos es el Escapulario del Carmen.

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Uno de los signos de la tradición de la Iglesia, desde hace siete siglos, es el Escapulario de la Virgen del Carmen.

Es un signo aprobado por la Iglesia y aceptado por la Orden del Carmen como manifestación externa de amor a María, de confianza filial en ella y como compromiso de imitar su vida.

La palabra “escapulario” indica un vestido superpuesto, que llevaban los monjes durante el trabajo manual. Con el tiempo se le fue dando un sentido simbólico: el de llevar la cruz de cada día, como discípulos y seguidores de Jesús.

En algunas Ordenes religiosas, como en el Carmelo, el Escapulario se convirtió también en signo de manera de ser y de vivir.

El Escapulario pasó a simbolizar la dedicación especial de los carmelitas a María, la Madre del señor, y a expresar la confianza en su protección maternal; el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás. Se transformó en un signo mariano.

Un poco de historia:
El 16 de julio de 1251, la Virgen María se apareció a Simón Stock general de la Orden, quien había estado rezando toda la noche pidiendo la intercesión de María sobre la Orden de los Carmelitas, pues sufría persecución en Europa con esta Oración: «Flor del Carmelo, Viña Florida, splendor del cielo Virgen singular.¡Oh madre amable! Mujer sin mancilla, protege siempre a Los Carmelitas, ¡Estrella del mar!»
María en respuesta le entregó el hábito que había de ser su signo de protección. El papa Inocencio IV bendijo ese hábito y le otorgó varios privilegios, no sólo para los religiosos de la Orden, sino también para todos los Cofrades de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Llevando éstos el Escapulario, participan de todos los méritos y oraciones de la Orden y pueden esperar de la Virgen verse pronto libres del Purgatorio, si hubieran sido fieles en observar las condiciones impuestas para su uso.

Normas prácticas:

  • El escapulario tiene que imponerse sólo la primera vez por un sacerdote, o persona autorizada.
  • Puede ser sustituido por una medalla que tenga por una parte la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y por la otra la de la Virgen del Carmen.
  • Exige un compromiso cristiano auténtico:
  1. Vivir de acuerdo con las Enseñanzas del Evangelio.
  2. Recibir los Sacramentos.
  3. Profesar la devoción a la Virgen que se expresa, al menos, con la recitación, todos los días, de tres Avemarías.
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