San Isidro Labrador

San Isidro es una persona que nos sirve de referencia por su estilo y su manera de vivir. Se hizo santo en esta misma tierra que pisamos. Cuando hablamos o pensamos en los santos, casi inmediatamente nos imaginamos unas personas especiales, como si tuviesen una composición diferente a la que tenemos nosotros.
En la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica leemos: Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación (1 Ts 4, 3). Todos estamos llamados a ser santos. El Concilio Vaticano II nos recuerda esta llamada a la santidad: Todos los fieles, cualesquiera que sea el estado o régimen de vida, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado. Es una llamada universal a la santidad. Nadie está llamado a la mediocridad, no existe un cristianismo de segunda clase, porque la meta es idéntica para todos los hombres y mujeres. San Isidro alcanzó la santidad.
Igualmente ha habido santos de todas las edades. En el año 2000, el del Gran Jubileo, el papa beato Juan Pablo II beatificó a dos niños, Jacinta y Francisco, videntes de la Virgen en Fátima y antes de ayer el Papa Francisco les canonizó. Meses después, durante el mismo Año Santo, declaró beato a Juan XXIII, que murió anciano con más de ochenta años. Santa Teresa del Niño murió en la flor de la vida con veinte y pocos años. San Francisco de Asís cuando tenía cuarenta y dos años fue llamado por Dios. Y también hay que decir que de todas las clases sociales hay santos. Reyes como san Fernando III, rey de Castilla; de familia humilde y numerosa como santa Catalina de Siena; del mundo de la política y de las leyes está santo Tomás Moro; san Roque perteneció a una familia rica. Y podríamos continuar…, pero no es cuestión de hacer ahora una lista interminable de santos.
En una ocasión, un hombre preguntó a su párroco qué debía hacer para vivir bien, como un buen cristiano. Recibió como respuesta estas sencillas palabras: Cuando hoy vuelva a su casa y se siente a la mesa para cenar, pregúntese: ¿cómo se comportaría Cristo si estuviese en mi lugar? Pues bien, que cada uno se pregunte con frecuencia: En este momento, ¿cómo actuaría Cristo si estuviese en mi lugar?
¿Cuál fue el camino de santidad de S. Isidro? Su camino de santidad es también el nuestro: Misa, trabajo, casa y prójimo.
Oración:
Como dijo el papa Gregorio XV en
la bula de canonización:
Nunca salió al trabajo sin antes oír,
muy de madrugada, la santa Misa
y encomendarse a Dios y a su Santísima Madre.
Gustaba recorrer diariamente diversas capillas para hacer oración.
Los santos -las santas- no llevan etiquetas. Son personas que procuran poner amor de Dios en todo lo que realizan; que rezan y frecuentan los sacramentos. Y cada uno de los aquí presentes deber ser una de esas personas que aspiran a la santidad.
En la iconografía de san Isidro se suele representar al Santo rezando mientras dos ángeles están con los bueyes arando, y esta representación puede inducir a engaño. San Isidro no dejó de cumplir sus deberes laborales para dedicarse a los rezos. Pero tampoco abandonó sus oraciones y sus prácticas de piedad por el trabajo. A la mayoría de los cristianos Dios les pide que se santifique en su trabajo ordinario y en su familia. Y de éstos tenemos los ejemplos maravillosos de san José, el esposo de la Virgen María, y el santo que celebramos hoy, san Isidro labrador.
Lo nuestro es trabajar y rezar, sin dejar la oración por el trabajo y viceversa. Es más, debemos hacer del trabajo oración. Y el trabajo será oración: si es un trabajo honrado; si lo hemos ofrecido a Dios; si está bien hecho -Dios no quiere que le ofrezcamos chapuzas, cosas mal hechas-; si lo hacemos en presencia de Dios -el trabajo no impide el trato con Dios-; si hay rectitud de intención; si ponemos un motivo sobrenatural a nuestra labor profesional; si al desarrollarlo cumplimos con todas las obligaciones profesionales y sociales.
Todo esto es fruto de lo que nos decía el Evangelio: Permanecer unidos a Jesús, Él es la vid y nosotros los sarmientos. Unidos a Él podemos llegar a dar testimonio de que estamos junto a Dios y a los hermanos.
Pidamos a san Isidro labrador, cuya fiesta estamos celebrando, su ayuda para que al igual que él sepamos encontrar la intimidad con Dios en medio de nuestras tareas cotidianas.
Por el coronavirus no podemos celebrar l Santo en la Iglesia ni en la Calle, pero lo llevamos en el corazón y le pedimos que con su constancia y confianza en Jesucristo interceda por todos los enfermos, difuntos y personal sanitario y por todos los agentes sociales que están sacrificándose para que esto se pase cuanto antes. San Isidro Labrador, Ruega por nosotros.